Anna Beniamino – Declaración tras unirse a la huelga de hambre

El 20 de octubre Alfredo Cospito, en la cárcel de Bancali (SS), ha empezado una huelga de hambre indefinida contra el régimen 41 bis y la cadena perpetua. Está en régimen 41 bis desde mayo de este año, culpable de mantener, desde las secciones de Alta Seguridad donde ha estado encerrado durante años, correspondencia y actividad editorial con e movimiento anarquista, a través de escritos públicos e intervenciones.

La cadena perpetua es probable que sea resultado de la remisión en apelación – hecha por la casación del proceso Scripta Manent del 20 de julio – para recalcular la sentencia dictada en base al art. 285 c.p. “masacre política” (strage política), por un doble atentado contra la escuela de carabineros de Fossano, firmada por la FAI-RAT. La sentencia por 285 c.p. constituye la piedra angular de una arquitectura acusatoria que establecía la existencia de una “asociación subversiva con finalidad de terrorismo” (formada por sólo 3 promotores y con una existencia a trompicones, para superar las contradicciones debidas a los resultados de los anteriores juicios) y la actividad de “instigación” por blogs y periódicos anarquistas editados por los condenados durante los últimos 20 años.

Es definitiva, una sentencia-monstruo por la que se es jefe/factótum de una “asociación” de contornos inciertos pero también instigadores y culpables de una “masacre” que nunca ocurrió y sobre todo, nunca defendida como tal. En resumen, como se viene diciendo repetidamente, la violencia revolucionaria es defensa de los anarquistas, y mía entre estos, las masacres no [léase violencia indiscriminada – ndt].

Lo que los documentos judiciales y las directivas de los servicios y aparatos de prevención denominan de manera diversa subversión interna o terrorismo y que viene recogido en una serie de delitos (asociación subversiva, masacre, devastación y saqueo…) tomados literalmente del Código Rocco aún en boga, en realidad son teselas de la tensión revolucionaria y de la búsqueda de libertad y justicia social. Que esta última y la justicia suministrada por los tribunales sean mundos antitéticos no es ninguna novedad para cualquiera que tenga un mínimo de conocimiento de los sucesos históricos y políticos de los movimientos, de las ideas y de las prácticas refractarias al status quo: cuanto más grande y compleja es la acusación, más difícil es reconducir los acontecimientos al plano de la realidad. En consonancia uno se encuentra entre los acusados en procesos con “verdades” absurdas, donde es la identidad política, y no los hechos, lo que construye el delito, lo que te entierra vivo.

El 41 bis es la forma más refinada de aniquilación psico-física, entre las distintas clasificaciones que ofrece la cárcel. Una tortura de guante blanco basada en la privación física, sensorial e intelectual, en la cancelación de los vínculos amistosos y sentimentales: una hora de coloquio al mes, a través de un cristal, con familiares que suelen verse obligados a recorrer cientos de kilómetros, con parientes y personas queridas que suelen ser vistas como solidarios de la misma “asociación”, con todo lo que conlleva en términos de distanciamientos; fuertes limitaciones al estudio y la lectura, que por sí sola podría proteger al individuo de la “desconexión” cerebral, con la lucidez ya puesta a prueba por la falta de una mínima confrontación y socialización, en un casi total aislamiento que se prolonga durante años, muchas veces toda la vida; periódicos parcial o completamente censurados, 10 canales de televisión y psicofármacos como posibles “paliativos” que perfeccionan el tratamiento. Por otro lado tv y psicofármacos son los pilares del mantenimiento del control en las cárceles: secciones comunes hacinadas, trampas de almas donde medicalización e infantilización reinan soberanas.

Al 41 bis, por su manifiesta dureza, dirigida a quebrar al individuo, los mismos legisladores establecieron una duración limitada a 4 años (la práctica de la bañera también admite pausas…¡para no ahogar al desafortunado!) que luego, mediante un procedimiento burocrático típico de la brutalidad de baja intensidad, de prórroga en prórroga, ha pasado de ser de emergencia a cotidiano. Santificada por la incultura de la horca y las esposas, la “cárcel dura” es el fetiche/espantajo de una sociedad que se pretende, según la vulgata mediática, cada vez más asustada por las “emergencias” y más necesitada de “seguridad”, para apaciguar con un progresivo y descarado endurecimiento de las penas y la exageración de la magnitud de los delitos. El fetiche de la “seguridad” usado para desviar la atención de una sociedad que colapsa política, económica y socialmente.

He compartido años de vida, ideas, discusiones, rabia, risas y amor por la libertad con un compañero anarquista, con los anarquistas… ciertamente, los regímenes diferenciados de una cárcel o las infamias de un proceso judicial no serán capaces de desdibujarlos.

Por estos motivos, porque solidaridad y justicia son un cadáver en la boca de los legisladores, y una flor entre los dientes de individuos libres.

Porque para quien ama la vida, reaccionar cuando se transforma en supervivencia es un acto necesario, desde el lunes 7 de noviembre inicio una huelga de hambre.

Contra el 41 bis.

En solidaridad con Alfredo, en huelga de hambre desde el 20 de octubre, con Juan desde la cárcel de Terni desde el 25, Ivan desde la cárcel de Villepinte en Francia desde el 27 de octubre, que han emprendido una huelga por los mismos motivos.

Con amor y respeto por todas las compañeras y compañeros que han luchado, luchan y lucharán por los senderos utópicos de la libertad y de la negación de la autoridad, sin vender sus sueños al mejor postor.

Anna Beniamino

Traducido de: https://fuoridallariserva.noblogs.org

(antes de que incluyeran otra traducción)